Reseña a partir del diálogo con Abraham Martínez.
Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro.
1984, George Orwell.
En 1949, George Orwell publica1984, una novela política de ficción distópica que evidencia una sociedad sometida bajo un régimen totalitario gobernado por un único partido: el INGSOC (Partido socialista inglés), liderado por el omnipresente Gran Hermano como guardián de la revolución, Comandante en Jefe y Juez Supremo. Es el personaje de Winston Smith (funcionario del Ministerio de la Verdad), quien empieza a cuestionar el sistema y a hacer conciencia de la gran farsa en la que se basa el gobierno al que está sometido.
Smith habita en una sociedad hipervigilada en donde se deben controlar los pensamientos negativos en público y frente a las pantallas vigilantes. Allí todos son espías de todos y en cualquier momento se puede ser acusado de doblepensar (mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo) y por ello, ser detenido por la Policía del Pensamiento.
Winston se une a la resistencia junto a una joven rebelde y juntos descubren que algunos de sus miembros son parte del mecanismo represor.
1984 hace alusión a un sistema totalitario como una ideología que ostenta el poder. Podemos decir que establece un paralelismo con un sistema plutocrático, aunque éste no se basa en ninguna filosofía política.
Según la RAE, Plutocracia es una forma de gobierno en donde el poder lo ejercen unos pocos y está en manos de los más ricos (o muy influido por ellos) generando una clase social que goza de poder o influencia a causa de su riqueza. Un ejemplo concreto lo entrega la Oxfam, quien asegura que el 82% del dinero que se generó en el mundo en 2017 fue al 1% más rico de la población global.
Hoy en día, la cultura occidental mayoritariamente se viste de democracia y se presenta como un mundo globalizado. En él la comunicación y la interdependencia a nivel mercantil, social y cultural entre los distintos países permiten una sociedad bajo total vigilancia y limitada en su libertad por medio del consumo tecnológico dentro de una supuesta sociedad de bienestar como una posible dictadura oculta. El FMI, el Banco Mundial, o los Tratados de Libre Comercio logran mover los hilos sobre los países y sus gobiernos aprovechando las crisis internas como oportunidades comerciales para imponerse dentro de ellos e influir en sus políticas y desde allí, se gestan leyes convenientes para los gobernantes con el objetivo de ejercer control social.
Puede ser una idea conspiranoica, pero como diría el filósofo esloveno Slavoj Zizek, “Hollywood lo sabe”. Ésto se plasma en películas como Matrix (Hermanos Wachowski, 1999), Los hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006), 12 Monos (Terry Gilliam, 1995) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982), entre otras muchas más.
No solo el cine lo sabe sino también la literatura. A 1984 se suma Fahrenheit 451 (Ray Bradbury 1953) o El Mundo Feliz (Aldous Huxley 1932), por nombrar algunas.
La novela gráfica Plutocracia: Crónica de un monopolio Global (2018) de Abraham Martínez, plantea una historia en la quetodo el planeta está dominado y dirigido por una sola empresa llamada La Compañía. El autor ofrece la siguiente síntesis:
Plutocracia.
Año 2051. La mayor empresa del mundo, llamada La Compañía, se hace con el gobierno a nivel planetario y empieza a dirigirlo como si fuera una empresa. En una plutocracia ser más rico equivale a tener más poder, ya no hay elecciones sino juntas de accionistas en las que el voto está en función del número de acciones que cada ciudadano posea. El gobierno lo forman aquellos que más acciones acumulan y todo se rige por las leyes del mercado, lo que da lugar a un curioso sistema político. En este contexto, un ciudadano anónimo decide investigar cómo el mundo ha llegado a esa situación más allá de la versión oficial. Sin saber muy bien por qué, miembros del propio gobierno le acaban animando a llevar a cabo dicha investigación aparentemente contra sus propios intereses, facilitándole el acceso a toda la información. A partir de ese momento su investigación tendrá un doble interés: averiguar la verdadera historia de La Compañía y al mismo tiempo intentar entender los diferentes intereses que tratan de influir en su investigación.
Sobre el autor
Abraham Martínez (1974) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia. Su actividad artística se ha centrado en la fotografía y el arte público (intervenciones en espacios públicos), principalmente abordando temas de contenido social.
También se ha desempeñado como editor de la revista g+c revista de gestión y cultura entre los años 2009-2012, la cual se distribuía en toda España, en el extranjero, y en donde aportaba como ilustrador a través de historias que entraban al mundo de la gestión cultural.
Sus comienzos artísticos los conecta con una edad temprana. A los 11 años se interesó en dibujar y pintar. Más tarde, su lenguaje artístico fue la fotografía y el arte público, para -sin abandonar la fotografía-, llegar al cómic. Sin embargo, antes de recorrer ese trayecto opta por estudiar gestión comercial y marketing.
Bellas Artes fue su segunda carrera. Como artista, participó en galerías de arte realizando diversas exposiciones y ganando algunos importantes concursos. De aquellas experiencias más la suma de los aprendizajes obtenidos del marketing y las Bellas Artes, decanta finalmente por la gestión cultural, contando como consecuencia, con tiempo limitado para realizar otras actividades artísticas.
Ya desencantado de las artes visuales (pero siempre relacionado con el dibujo) fue descubriendo el cómic poco a poco. De pequeño lee los clásicos Mortadelo, Asterix y Tintín y más tarde descubre el cómic americano de autores como Robert Crumb. Entonces su atracción hacia el género se hizo evidente estrechando lazos con las artes visuales: “No hay diferencia entre pintar un cuadro y dibujar un cómic, aunque el cómic tiene diferencias con respecto a las artes visuales que resultan mucho más atractivas”.
Para Abraham el cómic no es un lenguaje hermético, como ocurre en la producción de las artes visuales en donde “si no tienes o si no sabes de arte, no eres parte o no puedes entenderlo. Eso excluye a muchísima gente. Luego, también la forma de trabajar la imagen hace todo el mensaje se concentre en una sola y es lo que lo hace precisamente hermético”.
Además, el autor hace alcance a los valores de las piezas artísticas y que aumentan la brecha entre obra y público. En este aspecto sostiene que el cómic es más democrático porque está destinado para cualquiera que se quiera acercar debido a su costo accesible. Además, ofrece todo el espacio que se necesita para desarrollar una idea, lo que lo convierte en un lenguaje más cercano y de interacción directa.El problema del arte, según el autor, es que en realidad se dirige a la misma institución, es decir, solo a gente formada en el tema, por lo tanto, no tiene mucho sentido enviar un mensaje social a un público cerrado y que ya está concienciado: La idea es trascender estas barreras e instalar temas contingentes que se identifiquen dentro del vivir de las personas.En cuanto a su proceso creativo, el autor indica dos momentos fuertes e importantes: La creación del guión y el desarrollo del dibujo. De ambos, el autor prefiere el proceso de creación de la historia y guión: “Me siento cómodo en las dos cosas, pero al final disfruto más el guión, porque se escribe a un ritmo que puedes vivirlo. El dibujo abarca y exige mucho más”.
En la unión del guión y el proceso del dibujo, Abraham sostiene que “ Cuando se escribe el guión, en el momento de dibujarlo, hay muchas cosas que no se han podido tener en cuenta: los detalles que solo se ven al momento de dibujar, cómo se distribuyen los personajes, que va a haber de fondo, cuál será el ambiente… Entonces, eso es un trabajo de viñeta a viñeta. El mejor equipo es con uno mismo”.
Plutocracia, fue desarrollado durante 3 años. El guión surgió de forma tranquila mientras buscaba una definición de su estilo, lo cual implicó una gran búsqueda y esfuerzo. “Busqué una forma de narrar y dibujar. Acostumbrado a las artes visuales, resultó algo más complicado. En una imagen artística te puedes dedicar un tiempo específico, pero en el cómic necesitas de un tiempo viable, para coger un ritmo. Cada viñeta exige por si sola. Es una forma de trabajar distinta y tienes que ir adaptándote a ella. No solo es hacer una viñeta sino que es hacer una página en donde todas las viñetas funcionen y en donde seas capaz de transmitir con el dibujo lo que quieres transmitir”.
Los personajes que habitan en Plutocracia, son casi caricaturescos sin perder su realismo y están estructurados mediante líneas gruesas y rasgos muy marcados y definidos, lo cual los relaciona al lenguaje del diseño gráfico. Abraham fue encontrando ese estilo de forma progresiva y a medida que iba trabajando sin una idea preconcebida. De esta manera, el artista evoluciona en el dibujo y vuelve constantemente sobre su trabajo; por ello arma y rearma algunas páginas buscando hacer funcionar la totalidad del conjunto iconográfico sin suscribirse a un estilo estático o reconocible.
Machineri 01
La propuesta entregada para la primera edición de Machineri denota una mano similar a la de Plutocracia (aunque de carácter más fresco dentro de un tema y formato distintos), en lo que el autor considera una evolución hacia una imagen cada vez más limpia. El trabajo (en formato A3 que al extenderse se transforma en un cartel A2), se basa y sustenta en el caminar como modo de creación en tanto sustento conceptual.
Abraham se planteó el tema enfocándolo de dos formas distintas: por un lado, el andar físico (el hecho de andar), y por otro lado el caminar simbólico: “Escribí varios guiones para este proyecto y todos tenían un final en común: eran historias de gente que iba sin querer ir”.
El andar físico es muy cambiante. Se puede andar de forma distinta según el momento, circunstancia y desde luego, según la persona y sus condicionantes físicas; “Creía Balzac que la forma de andar reflejaba la forma de ser. He visto últimamente un artículo de un estudio científico que indica que según la forma de andar se puede deducir mas o menos el tiempo en que puede vivir una persona. O sea, refleja la forma de ser pero también la forma de estar”.
En cuanto al caminar simbólico, el autor ha comprendido la temática para, desde allí, ofrecer una visión. Las metodologías del caminar (Springay & Truman, 2018) hablan de lo trans, lo transgénero, lo transexual, lo trashumante: el tránsito.
Dichos conceptos provocan en el autor la siguiente pregunta: ¿Somos todos libres caminantes?
La historia nos muestra a un preso desplazándose en el corredor de la muerte cuya forma de caminar no es libre. Quizás aquí vislumbramos la primera ilusión: está amarrado, pero se piensa que camina libre. Lleva cadenas, cuando cae se reintegra y como puede reconoce el modo imposible de adaptarse a ese tránsito.
Abraham profundiza: “A veces caminamos sin querer ir y esa es una característica nuestra. Caminamos sin darnos cuenta que caminamos, no somos conscientes. Vamos pensando en otras cosas y al final el caminar es una forma de desplazarse, las piernas son un medio de transporte. Yo quería hacer un tema en el que si se haga uno muy consciente de que anda, de que camina, aún a sabiendas de que se dirige hacia la muerte: Es una metáfora del paso por el mundo”.
