¿Alguna vez has sentido que un libro te desafía antes siquiera de leer la primera palabra? Durante siglos, el libro fue una «caja de palabras», un soporte invisible cuya única misión era transportar información. Sin embargo, a principios del siglo XX, algo estalló. La página dejó de ser un espacio pasivo para convertirse en un campo de batalla sensorial donde la materia, el ritmo y la forma tomaron el control.
El conflicto: La página como espacio de ruptura
Este cambio radical planteó un dilema que aún hoy nos fascina: el conflicto entre el contenido y la forma. Mientras que el arte tradicional nos enseñó a mirar sin tocar, el libro de artista nace de la pulsión contraria: exige ser manipulado, sentido y recorrido como una experiencia física.
Como bien definió el escritor, editor y artista mexicano Ulises Carrión en su manifiesto fundacional:
«Un libro es una secuencia de espacios. Cada uno de estos espacios es percibido en un momento diferente —un libro es también una secuencia de momentos—».
Carrión rompe con la idea tradicional al afirmar que un libro no es una «caja de palabras» y que el escritor, en realidad, no escribe libros, sino textos; es la estructura secuencial y autónoma la que crea el libro. En este nuevo paradigma, el lector ya no es un espectador pasivo; es un participante que activa la obra al pasar cada página
1. La Subversión Material: El Futurismo Italiano
Para entender cómo el libro se convirtió en una «máquina», debemos situarnos en la Italia de las vanguardias. Filippo Tommaso Marinetti, líder del movimiento, se rebeló contra el «libro exquisito» de bibliofilia y la concepción tradicional del papel hecho a mano. Para los futuristas, el libro debía ser la expresión de un pensamiento moderno, dinámico y agresivo.
El Libro Atornillado de Depero
En 1927, Fortunato Depero publicó Depero Futurista, una obra conocida como el «libro máquina» o «libro atornillado».
- La estructura: En lugar de una costura tradicional, el libro está unido por dos grandes pernos industriales de metal.
- El concepto: Los tornillos permitían que las páginas se pudieran quitar, reordenar o incluso colgar, convirtiendo el libro en un objeto mecánico que desafía la fragilidad del soporte tradicional.
El Libro de Metal de Marinetti
En 1932, Marinetti llevó la subversión al límite con Parole in libertà futuriste.
- Soporte radical: El libro está íntegramente impreso sobre chapas de metal (estaño), destruyendo el soporte tradicional del papel.
- Resistencia: Al ser de metal, el libro se presenta como un objeto frío y rotundo, diseñado para resistir y alejarse de la «brutal y nauseabunda» concepción del libro tradicional.
2. El Libro como Experiencia Sensorial: El Juego de Bruno Munari
Si los futuristas veían el libro como una máquina de ruptura, Bruno Munari lo entendió como un laboratorio para los sentidos. Para Munari, el libro es un problema de experimentación de las posibilidades de comunicación visual del material editorial y de sus técnicas.
Libros Ilegibles: Cuando el papel es el mensaje
En 1949, Munari comenzó su serie de «Libros ilegibles». En estas obras, el interés se desplaza del texto a los elementos físicos:
- El papel como sujeto: Munari utiliza la transparencia, la textura y el color como elementos comunicantes. Por ejemplo, un «capítulo» de papel vegetal comunica una sensación de «niebla» al pasar la página.
- Ritmo visual-temporal: Al variar los cortes y formatos, el pasar una página se convierte en una acción que se desarrolla en el tiempo. Las superficies blancas y negras se componen y descomponen ante el lector, creando una información visual rítmica.
Los Prelibros: Una enciclopedia para los sentidos
Munari extendió esta filosofía a los niños con sus «Prelibros» (1980), diseñados para que el individuo aprenda a recibir estímulos sensoriales desde la infancia.
- Información total: Estos objetos exploran sensaciones táctiles, térmicas, materiales, sonoras y olfativas.
- Diversidad de materiales: Un prelibro puede estar hecho de madera, felpa, plástico rígido, lana o incluso esponja, cada uno con un mensaje distinto basado en su tacto y textura.
Para Munari, la cultura está hecha de sorpresas. Al eliminar las palabras, nos obliga a recuperar nuestra capacidad de asombro y a entender que un libro puede ser «blandito y afectuoso» o «rígido y esmerilado».
Conclusión: El libro como territorio de libertad sensorial
El legado de estos pioneros nos enseña que el libro es un territorio donde la materia comunica y el ritmo es lectura. Mientras que el futurismo utilizó el metal y los tornillos como una subversión contra la tradición , Munari nos devolvió la capacidad de asombro a través del juego sensorial.
Hoy, en Machineri, reivindicamos esta materialidad. Recuperar el peso, el aroma y la textura del libro no es un acto de nostalgia, sino una apuesta por la libertad creativa total.
Bibliografía:
- Haro González, Salvador. 31 libros de artista. Fundación Museo del Grabado Español Contemporáneo, Marbella, 2013.
- Munari, Bruno. ¿Cómo nacen los objetos? Apuntes para una metodología proyectual. Colección GG Diseño. Apunte complementario Cátedra Wolkowicz, 2006.
- Carrión, Ulises. El nuevo arte de hacer libros. México, 1975 (reproducido en diversos compendios teóricos).
- Palomo Chiarlones, Andrea. El libro de artista como objeto de expresión y creación. Universidad de La Laguna, 2019.
- Machineri Edición de Arte. El libro a través del tiempo: Arte, memoria, evolución, técnica y editorialidad. 2025.
