Vivimos en un presente saturado de pantallas impecables, algoritmos y una optimización constante que termina por deshumanizarnos. Frente a esta inercia y al ruido de un contexto violento, hemos construido una trinchera física, áspera y contradictoria. Se llama Muro, y es el libro de artista seleccionado para la exposición Libro de artista: Hemisferio Sur, que se presentará durante junio y julio en la Casona Cultural de Viña del Mar. 

El empaque clásico como Caballo de Troya

Por fuera, Muro rinde homenaje al rigor del oficio. Su cubierta de un tono burdeos profundo y texturado, junto a un lomo negro sólido construido bajo los parámetros de la encuadernación tradicional, promete el orden y la paciencia del archivo clásico. Es una estructura pesada, densa y de bordes expuestos, diseñada para imponer su propio tempo físico frente a la prisa digital.

Sin embargo, este contenedor no busca domesticar lo que guarda; funciona como un blindaje para el caos disidente que habita en sus entrañas.

Entrañas de cartón, manuales y crisis

Al abrir el volumen, el orden se rompe por completo. Las páginas no son de papel fino de imprenta, sino de cartón corrugado y desecho recuperado. Se decidió intervenir, rayar y atacar el soporte utilizando como lienzo guías de ensamblaje industrial—como símbolo de la estandarización y alienación moderna—. Sobre esos diagramas fríos de mobiliario en serie, el trazo bruto y la mancha espontánea reclaman su espacio.

El contenido no se esconde detrás de discursos complacientes; expone de forma directa las cicatrices y tensiones de nuestra época:

  • La iconografía del colapso: Tiras de cinta roja y negra cruzan advertencias e imágenes de máscaras rituales bajo la palabra «CRISIS».
  • La sociedad medicalizada: En una de las dobles páginas se pegó directamente blísters vacíos y cajas de psicofármacos como Alprazolam y Escitalopram. Es la evidencia material de la ansiedad colectiva, el dolor y el intento del sistema por adormecer la disidencia.
  • Fricción de formatos: La obra incluye solapas de tela negra deshilachada e incluso un pequeño cuadernillo pop-up autónomo con enérgicos trazos, en serigrafía, amarillos que interrumpe la lectura tradicional.

El libro como territorio fronterizo

Como se dejó escrito a mano en una de sus páginas centrales, asumir el término «libro» para un objeto así nos sitúa en un territorio fronterizo: un híbrido entre concepto, arte, poética, mensaje y técnica. Muro es, formalmente, un «OXÍMORON». No pretende engañar al espectador con falsas armonías; se muestra torpe, inacabado y crudo porque, como grita su página más icónica, «Esto no es un libro, es una metáfora».

Frente al fascismo estético de la perfección corporativa, la imperfección de la materia recuperada es un acto político. Muro renuncia al aplauso masivo para buscar un encuentro honesto, de uno a uno, a través de la textura y la fricción.

Observaciones:

  • En Muro: La relación se da en la imperfección deliberada de las páginas, el uso de cartón corrugado, los trazos torpes y los bordes deshilachados. La obra rechaza la pulcritud del píxel y la composición equilibrada del diseño comercial. Es disonante. Al mostrar la aspereza material, el libro asume la «estética de la negatividad»: incomoda al ojo habituado a la perfección vacía del mercado.
  • En Muro: El uso de las guías de ensamblaje industrial como lienzo es un acto puramente adorniano.Se coge el documento arquetípico de la estandarización capitalista (el manual de instrucciones en serie) y se ataca con la pintura espontánea. Se desmantela el lenguaje de la producción masiva a través del gesto manual e irrepetible del arte bruto.
  • En Muro: La incorporación de los blísters de Alprazolam y Escitalopram junto a la palabra «CRISIS» es la manifestación física del Wahrheitsgehalt. No se pinta una alegoría abstracta de la tristeza; se está incrustando el desecho químico real con el que el sistema intenta regular la ansiedad contemporánea. La obra es «libre de mentira» porque expone la neurosis colectiva de forma cruda, sin adornos metafóricos complacientes.
  • En Muro: La estructura clásica de la encuadernación (la costura, los nervios, el lomo resuelto) representa la autonomía de la forma; es el respeto al oficio por el oficio mismo. El interior (las crisis, los fármacos, el desecho) representa el hecho social. El libro es un «oxímoron» viviente porque mantiene ambos elementos en tensión constante: la ingeniería del contenedor protege y dignifica el caos disidente del contenido, negándose a resolver el conflicto en una síntesis armónica.

Fuente: 
Adorno, Theodor W. (1970). Teoría estética (Ästhetische Theorie). Obra póstuma. Frankfurt: Suhrkamp Verlag.
Conceptos: El colapso de la evidencia en el arte, la dialéctica negativa (tensión irreconciliable entre la autonomía formal y el fait social), el Contenido de Verdad (Wahrheitsgehalt) alojado en la estructura/técnica de la obra, y la necesidad de la disonancia y la fealdad como resistencia a la alienación.