Reseña a partir del dialogo con el autor.

Quien mira hacia adentro despierta. Carl. G. Jung, 1875 -1961, Suiza.

La sombra

La araña del olvido pags. 4 y 162.

Carl Gustav Jung (1875 -1961, Suiza), decía que el arquetipo de la sombra era una forma de conducta que se encontraba en todos los seres humanos, aquella relacionada con el mal o con los defectos de la sicología humana: Un territorio inexplorado en la mayoría de nosotros que habría que aceptar, pero que no debemos identificarnos.

Para Jung existen dos tipos de sombra: La propia de cada individuo y la propia de la humanidad. La sombra del individuo es aquello que no conocemos de nosotros y que se expresa en la incomodidad de lo que no queremos aceptar. La sombra de la humanidad, en cambio, refiere a los procesos destructivos que la involucionan, como por ejemplo, la ignorancia o la sombra de las religiones. Jung decía: “Quien mira hacia adentro despierta”, “quien mira hacia afuera vive fuera de la realidad”, “lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”, “lo que yo soy pero que ignoro que soy”…

Podemos citar aquí varios ejemplos acerca de la coexistencia de la sombra con los individuos en su cotidianeidad: Uno recurrente es El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde escrita por Robert Louis Stevenson en 1886 y que gira en torno a la dualidad del ser humano. En la obra, un trastorno psiquiátrico hace que una misma persona tenga dos identidades opuestas entre sí: El doctor Jekyll -un científico que crea un brebaje que tiene la capacidad de separar la parte más humana del lado más maléfico de una persona-, y Mr. Hyde, quien es la transformación de Jekyll una vez bebida la mezcla de que ha creado y que representa a un criminal símbolo de todo lo perverso, es decir, su más oscura sicología humana.

Otro ejemplo lo entrega el personaje de Bruce Wayne, quien debe transformarse en Batman -el señor de la noche-, para poder defender a Gotham City de su propia oscuridad. O de forma más radical, de su archienemigo Dos Caras, dos formas de perversión dentro de un ente. El viaje de Jesucristo, conducido al desierto por el Espíritu Santo durante cuarenta días y cuarenta noches para encontrarse con su umbría, el diablo, quien lo puso a prueba. Mara, el señor de la ilusión, líder de los demonios, fue la entidad que intentó evitar que el Buda Siddhartha Gautama alcanzara la iluminación para poder destruir su Ego. Ejemplos hay varios y por todos conocidos.

La sombra es un espejo que nos devuelve nuestra propia imagen proyectando nuestros deseos reprimidos, las pasiones internas subyugadas, los lados oscuros que no podemos o no queremos ver y esto claramente puede llevarnos a la depresión. Sabemos que la depresión es una enfermedad sicológica que hace padecer un dolor “imaginario” a quien la sufre produciendo manifestaciones físicas de la simbolización de la psique, por tanto, es una magnificación de las zonas oscuras de ella misma. Mitológicamente es el viaje del héroe que necesariamente pasa por un descenso al inframundo. Marie-Louise von Franz (la gran protegida de Carl Jung) en una entrevista en pijamasurf.com, dice que “Psicológicamente, la depresión nos permite ver lo que está por debajo de nuestro ego y a lo cual le rehuimos porque no es fácil de reconciliar con nuestra persona -o la máscara que usamos para relacionarnos con el mundo-“.

En relación con lo anterior, el mito moderno de Winston Churchill muestra a un hombre atrapado por una melancolía a la cual apodó “perro negro”. La bestia lo acompañó siempre y lo poseyó durante sus últimos años. Churchill, quien confrontó al nazismo con una poderosa voluntad, fue consumido por su propia tiniebla, a quien reconoció como su “perro negro”.

Enrique Bonet, en su obra La araña del olvido, presenta el tránsito de Agustín Penón, un personaje real que se dedicó a investigar el asesinato del poeta Federico García Lorca. La historia está basada en una investigación llevada a cabo durante casi dos años en Granada y en donde el protagonista puso en quiebra su salud por intentar dilucidar un misterio no resuelto hasta hoy. Penón, a pesar de sus grandes hallazgos y al no lograr los resultados que buscaba, optó finalmente por no publicar ni una sola palabra sumiéndose en una angustia que lo consume y que, según algunos escritos, lo obliga al suicidio.

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La araña del olvido: portada, pags. 12 y 135.

El autor

Enrique Bonet nace en Málaga (1966) y ha vivido en Granada desde los 7 años, por lo tanto, se declara granadino o “granatensis”. Durante su niñez y adolescencia creció leyendo cómics o tebeos como Mortadelo, Zipi Zape, Capitán Trueno o las publicaciones de la Editorial Bruguera. En su juventud, estudió Biblioteconomía y Documentación durante tres años para después hacer Bellas Artes. Su actual trabajo en la Universidad de Granada se relaciona a su primera carrera.

Cuenta que a fines de la década de los 70 Granada acogía la producción de un grupo de dibujantes, entre los cuales destacan Rubén Garrido, Joaquín López Cruces, Paco Quirósa y Carlos Hernández. Un poco más tarde y ya a principios de la siguiente década, éstos empezaron a hacer muchos tebeos “Con unas características muy propias y muy definidas, con lo cual llegó a hablarse de una escuela granadina de tebeos”. Algunos de ellos lograron una proyección nacional bastante importante: “Esa era mi meta, eran mis maestros en definitiva, mis referentes. Yo tenía entonces 16-17 años y esta gente tenía un pequeño estudio que compartían, donde trabajaban y desde dónde publicaban profesionalmente en algunas revistas nacionales”. El teórico de esa etapa fue José Tito Rojo, quien estuvo muy involucrado en el cómic como director de la revista La Granada de Papel editada por el Ayuntamiento de Granada el año 1984.

Los primeros fanzines los montó junto a su hermano mayor, definiéndose ambos como dos aficionados. Su primer objetivo fue aunar dibujantes como ellos en varios fanzines que fueron cambiando con el tiempo y que posteriormente confluyeron en una revista llamada Qué Mal Te Veo. “Tanto mi hermano como yo éramos un poco los cabecillas de aquel movimiento intentando aglutinar a todo el mundo y ponernos de acuerdo para buscar la financiación”. Lo anterior era una tarea muy complicada, pues “éramos absolutamente miserables”. Cualquier fotocopia significaba un gran esfuerzo, entonces, ofrecían publicidad para diferentes comerciantes granadinos que pagaban por un anuncio. De esta manera, sin querer fueron produciendo un trabajo natural de gestión sin tener conocimientos al respecto. Producían ediciones pequeñas de 100 o 200 ejemplares que repercutían dentro del mundo cultural “granatensis”: “Hicimos también exposiciones, estábamos en contacto con grupos literarios, con gente de toda España que también que se dedicaba hacer fanzines haciendo muchos intercambios”. De esta manera, su trabajo se fue a dando a conocer progresivamente generando contactos a través de revistas de comic nacionales: “La gente mandaba sus fanzines a través del correo (era todo totalmente analógico). Tu les mandabas el tuyo y así mantuvimos contacto con varios fanzineros de España”.

Más tarde se hizo un libro recopilatorio de todos los fanzines de la década de 1980 que fue coordinado por el equipo de Qué Mal Te Veo a través de la Junta Andalucía, actividad que sirvió para documentar muchos de los trabajos que estaban perdidos. El libro se llamó Fanzine Andaluz 1980-1989 y se trató de una edición no comercial distribuido por el Instituto Andaluz de la Juventud de aquel entonces. “Era un libro de un formato muy raro. Nosotros, con los pocos medios que teníamos, siempre intentamos jugar con los formatos con mucha libertad. Hacíamos muchos experimentos dentro de nuestras posibilidades, era lo que nos divertía”.

Tiempo después, Enrique Bonet dibujó y autoeditó de forma casi artesanal un proyecto propio de 24 páginas y 150 copias como carta de presentación para enviar a distintas editoriales. Uno de los pocos que vio aquel trabajo fue José Luis Munuera (1972), autor de obras como Spirou y Fantasio, Walter el lobo o Zorglub, por nombrar algunas. Munuera fue compañero de Bonet en Bellas Artes de la Facultad de la UGR y le propuso reescribirla y convertirla en un tebeo vendible en Francia con una historia más larga y desarrollada de lo que era antes: “un pequeño cuentecito”. El proyecto se llamó El juego de la luna y en él trabajó como guionista readaptando y reescribiendo la historia conjuntamente con Munuera.

El juego de la luna y La araña del olvido

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Portadas de El juego de la luna


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El juego de la luna: pags. 3-4.

Aunque son ambos temas completamente distintos, existe una relación entre El juego de la luna y La araña del olvido, ya que uno es fantasía y el otro, novela negra. Sin embargo, poseen el misterio como denominador común: “En el caso de El juego de la luna el misterio domina todo el libro y es lo que guía, lo que al parecer conduce a la protagonista”. Según Raúl López, autor del artículo zonanegativa.com, trata de una narración de dos actos que se basa en las historias de intriga y miedo, una añoranza de un mundo no conocido, artificial, falso, ficticio, desconocido, terrorífico y pensada para asustar.

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El juego de la luna: Detalles, Munuera.

La narración trata de una historia de crecimiento personal que se relaciona con el cuento de La Caperucita roja (Charles Perrault, París, 1628-1703; Hermanos Grimm, Alemania, Jacob Grimm, 1785-1863, Wilhelm Grimm, 1786-1859). Artemisa, la protagonista, es un personaje extraño entre quienes la rodean. Lleva una capa roja como protección ante el frio, pero también como un escudo emocional para esconder la vergüenza y tristeza. “La capa roja ayuda a singularizarla, a destacarla entre todos los demás y a la vez potencia visualmente otra idea central del tebeo: el deseo que despierta en los hombres y la represión o el “ocultamiento” de sus propios deseos femeninos”.

En el caso de La araña del olvido, la luna se convierte casi en un envés tenebroso que parece dirigir todos los pasos sobre el misterio de la muerte de Lorca. Es una novela histórica que transmite una sensación de lo oculto a través de una sombra misteriosa que cubre al personaje principal, quien fue incapaz de finalizar ese escrito. Aquella pesadez tendría mucho que ver con los traumas y desequilibrios profundos en la psicología del protagonista, tal como ocurrió con Truman Capote después de su libro A sangre fría (In cold blood, 1966) quien, tras realizar un largo y exhaustivo trabajo de campo y minuciosas investigaciones con los protagonistas reales de la historia, fue consumido en el proceso de escritura de esta novela enfrentándose a problemas de alcoholismo y drogadicción en una entrega que afectó su vida. Es ese proceso de desgaste sombrío el que interesa a Enrique Bonet.

El dibujo para Machineri nº1

Para la primera edición de Machineri, Enrique Bonet presenta una imagen de dos personajes que se encuentran, se entrecruzan, pero que no se hablan ni se atreven a contactarse: Se desencuentran. Cada uno obedece a una sombra particular que no les permite realizar un contacto directo y genuino.

En esta obra confluyen el caminar y transitar las emociones, los pasos, el ritmo y el territorio. Para el autor se trató de un proceso de creación complejo que partió de una idea básica, la de dos personas que se encuentran: “algo que a mí me pasaba habitualmente; iba hacia el trabajo y me cruzaba con personas que identificaba, pero con las cuales no tenía ninguna interacción”. Esta anécdota casual le pareció un buen planteamiento de partida para aprovechar un formato de doble página para, a través de él, conectar dos puntos (A y B). Cada página trata de un mundo y su idea plantea que en el momento central donde confluyen las dos páginas, los personajes se cruzan. Por ese motivo la edición debía resolver de modo técnico y creativo dicha problemática para entregar aquel sentido de lectura, “lo complicado fue armar una historia visual, un recorrido legible para evitar que el lector se perdiera”. En consecuencia, el autor propone un juego azaroso en el que también se pueden crear pequeños pedazos de historia.

Ver aquí: Machineri nº1